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martes, 8 de diciembre de 2009

La inquisición española, parte 2.

Hola de nuevo, soy Jesús Naranjo Martín de 2º Bachillerato Ciencias Sociales. En este último trabajo de la evaluación completaré la información establecida sobre nuestros queridos amigos inquisidores. Hablaré un poco más del proceso inquisitivo y un poco de los autos de fe.

Digamos que la inquisición española no fue siempre un “aquí te pillo aquí te quemo”, sino que tuvo ciertas normas en lo que se conoce como el proceso inquisitorial.
Estas normas fueron elaboradas por los más fanáticos de los fanáticos, los Inquisidores generales, los cuales destacan Torquemada, Deza y Valdés (sobretodo el primero, por ser uno de los mayores asesinos de la historia española).

El proceso contaba con tres pasos, la acusación, la detención y el proceso (vamos, el acabar muerto o realmente fastidiado, en el 95% de los casos).

La acusación (también conocida como el chivateo mentiroso):

Cuando se llegaba a una ciudad, el inquisidor en cuestión proclamaba el edicto de gracia, es decir, advertía en una misa a todos los ciudadanos que si eran pecadores, se confesaran antes de que fuera demasiado tarde.
Los que se confesaban voluntariamente durante el edicto de gracia, eran reconciliados con la iglesia sin castigos graves. Sin embargo, los edictos de gracia fueron sustituidos por edictos de fe, donde eso de “voluntariamente” no estaba muy bien visto. O sí o sí.
Las acusaciones eran anónimas, y el acusado no tenía ninguna posibilidad de conocer la identidad de sus acusadores. En la práctica, eran frecuentes las denuncias falsas para satisfacer envidias o rencores personales (dicho en el anterior trabajo, vaya).

Muchas denuncias eran por motivos absolutamente estúpidos y carentes de sentido.
La Inquisición estimulaba el miedo y la desconfianza entre vecinos, e incluso raras no eran las situaciones de familiares acusándose entre ellos (Recordemos en el episodio satírico de los Simpson de la caza de brujas. -¡MI HERMANA ES UNA BRUJAA! -Gritaba Bart).


Detención (la cual no era tampoco algo muy sutil):

Tras la denuncia, el caso era examinado por los calificadores, quienes debían determinar si había herejía para después hacer detenciones.
En la práctica, sin embargo, eran numerosas las detenciones “primero encierro después pregunto”, y se dieron situaciones de detenidos que esperaron hasta dos años en prisión hasta que el flojo del calificador de turno le diera por mirar el caso.
La detención del acusado se usaba como promedio para el secuestro de sus bienes, con los que mantenerlo en prisión y a menudo los familiares del pobre desgraciado quedaban en la más absoluta de las ruinas.

Todo el procedimiento era llevado en el secreto más absoluto para todos, ya que como dije antes, ni siquiera el acusado sabía el por qué de su detención. Podían pasar meses, o incluso años, sin que se supiera acerca de por qué estaba encerrado. Sin embargo, los calabozos de la Inquisición no eran peores que los de la justicia ordinaria, e incluso hay ciertos testimonios de que en ocasiones eran bastante mejores (bastante irónico, ¿verdad? ¡por favor quién va a ser el tonto que tras llevarse meses esperando a que lo quemen o no se fije en las prisiones!).


El proceso (y aquí podemos dedicar una clásica sinfonía de terror):

El proceso inquisitorial se componía de una serie de audiencias, en las cuales declaraban tanto los denunciantes como el acusado. Se asignaba al acusado una especie de abogado manipulador, cuya función era únicamente convencer al acusado de que dijera la verdad (o que dijera que era un hereje y que lo quemaran de una vez).
La acusación era dirigida por el procurador fiscal. Los interrogatorios al acusado se realizaban delante del notario del secreto, que anotaba minuciosamente las palabras del pobre acusado.

Para interrogar, la Inquisición hizo uso de la tortura, pero no a todos los acusados.
Se aplicó sobre todo contra los sospechosos de judaísmo y protestantismo (¡hombreee! Estaba claro.), a partir del siglo XVI. La tortura era siempre un medio para hacer que el acusado se confesase culpable, no un castigo propiamente dicho. Se aplicaba sin ningún tipo de diferencia de sexo ni edad, incluyendo tanto a niños como a ancianos.

Las artes de tortura más empleados por la Inquisición fueron la garrucha, la toca y el potro.

La garrucha consistía en colgar al acusado del techo con una polea con pesos atados a los tobillos, ir izándolo lentamente y soltar de repente, con lo cual brazos y piernas sufrían unos tirones un tanto dolorosos y en ocasiones se dislocaban de forma horripilante (que cínico ¿eh?).

La toca consistía en introducir una toca o un paño en la boca a la víctima, y obligarla a ingerir agua vertida desde un jarro para que tuviera la impresión de que se ahogaba (me da la sensación de que eso tenía que ser bastante desagradable, además, dime tú como te confiesas culpable para que te maten ya con un pañuelo en la boca).

El potro era el instrumento de tortura más utilizado, seguramente todos habréis visto esa clásica camilla con pinchos que te estira los brazos y las piernas de manera no agradable (y no, no era un instrumento para hacer crecer a los niños).
Una vez concluido el apaño, se votaba el caso, y se emitía la sentencia, que debía ser unánime. En caso de discrepancias, se hacía necesario remitir el informe a manos mayores (lo cual significaba más tiempo en prisión para el acusado ¡bieeeen!)


Ahora bien, existe el paso de la Sentencia.
Los resultados del proceso podían ser los siguientes:

-El acusado podía ser absuelto. Las absoluciones fueron en la práctica muy escasas (y seguramente el pobre acusado acabaría con los brazos rotos de tanta tortura).

-El proceso podía ser “suspendido”, con lo que el acusado quedaba libre, aunque bajo sospecha, y con la amenaza de que su proceso se continuase en cualquier momento (tú imagínate que tras meses de cautiverio y tortura te sueltan y ahora vas a comprar el pan y se te vuelven a lanzar los alguaciles para volver al condenado tribunal).

-El acusado podía ser penitenciado. Considerado culpable, debía decir públicamente sus delitos y ser condenado a un castigo. Entre éstos se encontraban el sambenito, el destierro (temporal o perpetuo), multas o incluso la condena a galeras (ea, a remar, y a recibir latigazos, que es sano y uno se pone fuerte).

-El acusado podía ser reconciliado. Además de la ceremonia pública en la que el condenado se reconciliaba con la Iglesia Católica, existían penas más duras, entre ellas largas y largas condenas de cárcel o galeras, y la confiscación de todos sus bienes (a robar se ha dicho). Sin contar claro está los castigos físicos, como los azotes.

-El castigo más grave era la relajación al clero, que implicaba la muerte en la hoguera como cual leño en chimenea. Recibían este castigo los herejes impenitentes y los relapsos, o sea, los que ya habían sido acusados una vez. La ejecución era pública, para que todos olieran bien como ardías. Si el condenado se arrepentía, se le estrangulaba mediante el Garrote vil (el cual también era un cacharrito fino fino). Si no, era quemado vivo.

En cuanto a los actos de fe, fueron “espectáculos” en los que se aplicaba el proceso inquisitorial. Solían ser públicos o privados, aunque los públicos eran más frecuentes.
Se solían usar sitios grandes como plazas mayores, y acabaron convirtiéndose en un macabro espectáculo el cual amenazaba a la población de que siguiera creyendo en el cristianismo, causando un gran efecto en los espectadores.

Las fuentes de fotos e información siguen siendo las mismas que el trabajo anterior.

La inquisición española, parte 1.







Hola, soy Jesús Naranjo de 2º Bach Ciencias sociales y voy a exponer un trabajo que durará unas dos o tres partes.

Os hablaré de la temida e injusta inquisición española con un lenguaje algo coloquial, para su entendimiento y humorístico para satirizar una de las épocas más crueles de España.

La Inquisición española o Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición fue una organización formada en 1478 fundada por los reyes católicos para profesar la religión cristiana… pero de una forma un tanto cruel.

Sin duda, suele englobar uno de los aspectos más negros de la historia de nuestro país.

Controlada en todo momento por la monarquía, la inquisición española no llegó a desaparecer hasta el reinado de Isabel II, en 1834.

La inquisición formaba un tribunal eclesiástico que solo poseía competencia judicial sobre los cristianos, pero claro, en aquella época al no existir la libertad de culto, el tribunal podía tratar a todas las personas en territorios españoles.

Prácticamente, simplificando, la inquisición era un instrumento de dominio del pueblo en manos del estado, una herramienta de terror entre la población.


Creación:

Aunque se llame Inquisición española, no quiere decir que sus inicios sean de nuestro “querido” país.

Fue creada por el papa Lucio III a finales del siglo XII como un instrumento para combatir la herejía albigense en el sur de Francia. Existieron tribunales de la Inquisición pontificia en varios reinos cristianos europeos durante la Edad Media, así que podemos decir que la Inquisición no es cosa nuestra (los españoles no pasamos del botijo y la fregona).


Contexto:

Bien sabemos que estuvimos dominados por los árabes hace un tiempecito, además de tener la compañía de los judíos. Ellos, pobres gentes que tenían que simular una religión que no les gustaba nada, tenían que coexistir con los borricos españoles.

Los judíos ocupaban muchos puestos importantes, tanto religiosos como políticos (¡encima envidiosos, vaya por Dios!). Castilla incluso tenía un rabino no oficial, un judío practicante.

Pero claro, en España somos “asín” y ¿qué hicimos con los judíos, personas de grandes conocimientos económicos, y con los musulmanes? ¡Antisemitismo, toma ya! ¡Fuera de aquí o sus quemamos todos!

Y claro, como a los conversos o cristianos nuevos no podían hacerles nada… ¡Qué más que hacer limpieza de sangre! Ya ningún hijo de judíos y musulmanes podía empeñar ningún tipo de cargo medianamente importante.

Después de esto, los reyes católicos crean la inquisición española, formada por los fanáticos de los fanáticos, o sea, de gente que ve a los no creyentes como madera que hay que echar al fuego.


Causas

No hay información acerca de los motivos por los que los Reyes Católicos decidieron introducir en España la maquinaria inquisitorial (¿se aburrirían?). Los investigadores han planteado varias posibles razones:

  • El establecimiento de la unidad religiosa. Buscar la eficiencia era lo que necesitaban, además, qué mejor herramienta que la inquisición para introducir a la realeza en temas religiosos. Así se establece una unidad religiosa.

  • Debilitar la oposición política local a los Reyes Católicos. Obviamente, había algunos que no querían tener a tales bestiajos pululando por sus calles, vemos que la Corona de Aragón tenía algo más que un ladrillo de cerebro, pero claro, qué mejor idea que crear la Inquisición también para fastidiar a quien no estuviera de acuerdo.

  • Acabar con la poderosa minoría judeoconversa. En el reino de Aragón fueron procesados miembros de familias bastante influyentes. Ahí tenemos el por qué de que la Corona de Aragón se negaba a la creación de la inquisición, la influencia era judía y si te dijeran que van a crear un organismo religioso para quemarte… ¿lo aceptarías? Esto se contradice, sin embargo, con el hecho de que el propio Fernando contaba en su administración con numerosos conversos (qué pillo el Fernandín).

  • Financiación económica. Obviamente, todo fanático era ladrón. Al que quemaban le robaban, así de paso podían comprar cruces con cristos de oro para sus iglesias.



Datos bastante significativos sobre la inquisición española:

-La expulsión de los judíos: A pesar de lo mucho que rogaron los judíos a los reyes católicos (incluso ofrecieron grandes sumas de dinero) éstos fueron expulsados a patadas del reino. Se data que cerca de 800.000 personas abandonaron España en aquella época.

Muchos emigraron a Portugal, donde años más tarde los echaron igualmente.

Otros quisieron quedarse en el país, así que se convirtieron al cristianismo aceptando el bautismo, pero claro, la inquisición nunca lo aceptaría, así que estos judeoconversos fueron perseguidos igualmente.


-La lucha contra el protestantismo: Qué decir, judíos y protestantes, pues a la hoguera.

Carlos I intentó paliar la Inquisición, pero su idea tergiversó en dejarla intacta (seguramente lo amenazaron, vaya).

En este periodo, la Inquisición fortalece sus penas y persecuciones, sobretodo en busca de sectas de rama protestante.

También era curioso el hecho de que los españoles se acusaban los unos a los otros para que la inquisición hiciera el trabajo. Imaginad que os cae mal el vecino de arriba ¡Da igual, le decís al santo padre que es un hereje y ya verás qué rápido baja la música!

A pesar de ello, el protestantismo español fue muy minoritario, ya que se calcula que sólo una decena de españoles fueron quemados vivos por luteranos hasta finales del XVI, aunque se siguió proceso a unos doscientos (casi nada, oiga).


-La censura (aunque a decir verdad esto ya perdura hasta hoy) también arruinó la España del momento. La inquisición elegía una serie de libros los cuales quemar (no se contentaban con personas…) y hacían un listado recogido en otro libro.

Obras maestras de algunos autores literarios contaban en ese listado. Conocido es el caso de Fray Luis de León, el cual influido por sus ideas humanistas fue encarcelado durante un tiempo decisivo (cuatro añetes en trena).

Aunque podemos agradecer que la Inquisición no ejerciera demasiado en el siglo de Oro español (aunque así tal vez tendríamos que estudiar menos contenido en Lengua y Literatura…).


-Los moriscos también tuvieron sus problemas, al igual que los judíos. El rey Felipe III decretó la expulsión de todos ellos, a pesar de su conversión al cristianismo (y no, estos no eran de Al Qaeda, no ponían bombas ni nada de eso).

Fueron expulsados por motivos económicos y políticos (al igual que los judíos), y poco más puedo contar sobre ellos.


-Otros delitos que tampoco se salvan (al menos para ellos).

Sobre el total de 49.092 procesados en el período de 1560 a 1700 de los que hay registro en los archivos de la Inquisición fueron juzgados los siguientes delitos: judaizantes (5.007); moriscos (11.311); luteranos (3.499); alumbrados (miembros de una secta protestante) (149); supersticiones (3.750); proposiciones heréticas (14.319); bigamia (2.790); solicitaciones (1.241); ofensas al Santo Oficio (3.954); varios (2.575).

Aquí vemos el morro que teníamos los españoles, la mayor cifra se alcanza en las proposiciones heréticas, es decir, acusación de que el vecino te diga que Cristo es malo y que viva Satán porque sencillamente no te agrada.

Todos ellos tienen sus explicaciones, pero algunos de los crímenes más notables de la inquisición son la caza de brujas, y la quema de todo homosexual vivo.


Organización:

Cada uno de los tribunales contaba al inicio con dos inquisidores, un «calificador», un alguacil y un fiscal. Con el tiempo fueron añadiéndose nuevos cargos (para disfrute de la iglesia).

Los inquisidores eran preferentemente juristas, más que teólogos, e incluso en 1608 Felipe III ordenó que todos los inquisidores debían tener conocimientos en leyes. Los inquisidores no solían permanecer mucho tiempo en el cargo.

La mayoría de los inquisidores pertenecían al clero secular (sacerdotes), y tenían formación universitaria. Su sueldo era de 60.000 maravedíes (¡no veas como cobraban! ¡voy a estudiar carrera de inquisidor!) a finales del siglo XV, y de 250.000 maravedíes a comienzos del XVII.

El procurador fiscal era el encargado de hacer que fueras culpable, investigando las denuncias e interrogando a los testigos.

Los calificadores eran una clase de relleno. Solo tenían que mirar la conducta del acusado para ver si era un hereje o no.

Los consultores eran juristas expertos que asesoraban al tribunal sobre leyes.

El tribunal contaba además con tres secretarios: el notario de secuestros, quien registraba las propiedades del futuro leño ardiente en el momento de su detención; el notario del secreto, quien anotaba las declaraciones del acusado (que nunca servían para nada) y de los testigos; y el escribano general, secretario del tribunal (otra clase que no servía para nada).

El alguacil era el tipo al que encargaban atrapar al hereje.

Otros funcionarios eran el nuncio, encargado de difundir los comunicados del tribunal, y el alcalde, carcelero encargado de alimentar a los presos (¡Jaaa, alimentar dice…!)

Además de los miembros del tribunal, existían dos figuras de apoyo que colaboraban en el desempeño de la actividad inquisitorial: los familiares y los comisarios.

Los familiares eran colaboradores laicos del Santo Oficio, que debían estar permanentemente al servicio de la Inquisición. Convertirse en familiar era considerado un honor, ya que para los demás eras alguien puro y no judío o morisco.

Los comisarios, por su parte, eran sacerdotes regulares que colaboraban ocasionalmente con el Santo Oficio.

Uno de los aspectos más llamativos de la organización de la Inquisición es su forma de financiación: carentes de un presupuesto propio, dependían exclusivamente de las confiscaciones de los bienes de los acusados. No resulta sorprendente, por tanto, que muchos de los denunciados fueran hombres ricos. Que la situación propiciaba abusos es evidente.



Trabajo realizado por Jesús Naranjo Martín

Fuente: Información extraída de distintos libros históricos leídos.

Imágenes adquiridas por el buscador google.es